
Trabajo en un mundo de hombres. De hombres bruscos y sucios, dulces y con alma de niño. La mayoría comenzó a trabajar antes de los 10 años y de alguna forma sólo pueden recordar como verdadera vida aquella perteneciente a los años anteriores al eterno cansancio, momento de completa libertad, donde el juego era lo único importante.
Comencé a verlos con otros ojos. No les tengo miedo (porqué temerles?). Los trato con cariño y ellos ceden, relatando sus experiencias. Ese es mi pago. Pura literatura de mar.
He escuchado largas historias, de hambre y abundancia; de océanos interminables, ovnis en el cielo y en el agua, fantasmas de sal, gatos piratas, peleas con cuchillos y pistolas. He absorbido mil experiencias, he quedado triste y también he reído mucho. ..son muy alegres.
Y, al parecer, yo también lo soy.
En una pesquera conocí a una gata. Tiene tres meses y nació arriba de una lancha, en altamar. Un día cayó a un bidón con petróleo y desde ese momento su pelaje largo, blanco y café, quedó convertido en un montón de pelos histéricos, pegados y negros. Tiene unos ojos amarillos enormes, muy similares a los de mi amada Luna. Una línea negra los recorre, enfatizando esa mirada de gatuna de mar. Me he enamorado de ella. Cuando me ve aparecer en la puerta de la pesquera, corre hacia mi y me saluda con unos maullidos chillones y dulces. Me sigue a todos lados y si entro a alguna oficina, ella espera en la puerta. En mis ratos libres, la acaricio largamente, y su ronroneo me trae recuerdos de antaño.
Mi Lunita está, de cierta forma, presente en ella.Quiero adoptarla, y espero que cuando tenga mi propio lugar, la gatuna petrolera aún esté ahi, comiendo sardinas frescas, peleando con las gaviotas y escapando de la gente, excepto de mi....
2 comentarios:
carlota, te superas a ti misma, la verdad es que cada vez me sorprendes más con tus relatos....si!
suerte hoy! ;D
me gustaría conocerla
:)
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